Estaba tomando el sol con mi bikini rojo favorito en la playa de Riazor con mis compañeras y compañeros de trabajo cuando alguien comentó que ese color llamaba demasiado la atención. Sonreí, me acomodé la toalla y pensé que, si el verano tiene un color, para mí siempre será el rojo. Bastante calor hace ya como para preocuparse por las opiniones ajenas.
Hubo quien sugirió que un bikini negro sería más discreto, pero lo mío nunca ha sido pasar desapercibida. El rojo transmite alegría, energía y confianza, y cuando una prenda te hace sentir bien, se nota en la sonrisa, en la forma de caminar y hasta en las ganas de disfrutar de la playa.
Así que este verano seguiré apostando por el rojo y por los bikinis que levantan el ánimo antes que las dudas.
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